Bingo: Antro de viejos desquiciados

Hace días acepté salir con un “compañero”, en una especie de cita basada en intereses comunes, a uno de los lugares más macabros sobre la faz de la tierra: un Bingo. Yo había asistido a varios casinos en la isla y fuera del país, incluso al Taj Mahal, en Atlantic City, y por eso no esperé sorprenderme con nada en ese lugar.

En la puerta del bingo nos topamos con unas viejas, amigas de mi familia, la señora A y la señora E (no diré sus nombres porque si se enteran que escribí esto me dejan sin regalo de navidad XD). Las señoras E y A enloquecieron de felicidad al verme y  nos saludaron a ambos cual nuevos hermanos adeptos a su religión lúdica. Acto seguido preguntaron por mis padres y los buscaron con la vista pero al enterarse de que estaban en casa volvieron a capturarme. Después de liberarme de los brazos viejos, mas no débiles, que me retenían en un prolongado abrazo efusivo y grupal, observé con asombro como la señora E entraba al Bingo bailando y empujando gente como si fuese una reina y caminara por un sambodromo disfrazada de anciana. Desde ese instante supe que lo mejor sería salir de ese lugar lo más pronto posible.

Me sacaron de mis pensamientos los saludos de bienvenida de las anfitrionas y mi nombre en la boca de la señora E para que no me quedara atrás. Hileras de viejos cambiaban el dinero, de su pensión quizás, por la emoción frenética de pulsar botones, mover palancas y mirar cartones de bingo con la falsa certeza de ganar o estar a punto de hacerlo. Después de seguir a la señora E, que repartía besos y saludos a medio mundo como si fuesen CDs de Ubuntu, llegamos a una mesa, que parecía imaginariamente reservada por ella para ella, que sin demora nos invitó a ocupar. En ese momento tenía planeado despedirme pero mi compañero se adelantó a decir que lo esperara ahí porque iba al baño (bah, hombres ¬¬). Lo miré con ganas de matarlo y se marchó presuroso dejándome con esas viejas cuyo comportamiento me hacía pensar que se habían inyectado algún estupefaciente.

La señora E pidió café para todos a una tal Mirta, que parecía conocerla de toda la vida. La señora E me agarro la mano, quizás mis intenciones de huir eran visibles y pretendía evitarlo. Luego, la señora A empezó a quejarse de que alguien estaba ocupando su máquina. Mi reacción mental fue: WTF?, ¿tienen máquinas asignadas?!!, ¿cada una se adueñó de una máquina?

- Mira, mira, le está dando. Seguro que hoy no gano nada-. La señora A se movía intranquila en su asiento y me daba en el brazo para que volteara a ver.

- La máquina es de sapitos, ahorita vamos para que la veas- me decía la señora A entusiasmada pero siempre mirando ocasionalmente con rabia  al viejo que ocupaba su máquina.

- El otro día se antojó de mi maquina Susana (vieja ex-reina de belleza). Ella pensaba que no le iba a decir nada y ese día por su culpa no gané-. La señora A insistía en contar anécdotas de su máquina.

Le pregunté si siempre ganaba y ella me dijo que no. A veces si ganaba pero de cualquier forma ella, aunque gracias a Dios tiene dinero, no era persona de gastar mucho en el bingo. A pesar de que va siempre y por más de 6 horas. También me comentaba que hace días casi ganó, que si se quedaba un poco más seguro lo hacía pero ya era tarde y la señora E quería irse.

La señora E no le prestaba atención y seguía saludando a los que pasaban.  -¡Adiós D!-, dijo saludando a un señor que resultó ser el dueño del bingo. Una vez más mi reacción mental fue: WTF?, ¿esta mujer conoce a todos aquí y…todos la conocen?, ¡quizás hasta tiene acciones!. Luego llegó la señora R, nos saludó y se sentó en la mesa con nosotras pero llegó otra vieja y se fue con ella a jugar un binguito. Por supuesto nos invitó, pero la señora E y la señora A tenían otros planes para mí. En ese instante quería salir corriendo de ese manicomio de viejos.

Cuando mi compañero llegó (que por cierto, se tardó demasiado ¬¬) las señoras contaban chistes vergonzosos sobre ellas mismas y consultaban cuál máquina estaría bien para mí @_@. La señora E se la pasa en su casa bien vestida por si llega alguien con carro decirle que la lleve al bingo y no perder tiempo arreglándose. Las veces que han llegado de madrugada porque no se han dado cuenta de la hora siempre han sorteado algún peligro. También, cómo la señora E salió del baño sin lavarse las manos porque la llamaban a recibir un premio que ganó en un sorteo especial del bingo. Contaban con orgullo que tienen un taxista reservado y cómo se las ingeniaron un día en el que había enormes colas para agarrar el taxi. Así mismo, la ocasión en que la señora A con la prisa para ir al bingo metió las dos piernas por un solo hueco de la panty y sentía el trasero en el aire @_@, y la vez que la señora E llegó a las 4 de la mañana y no tenía llave y se quedó en el frente de su casa y luego le dijo al esposo que ella llegó temprano pero salió a tomar un poco de aire fresco. También, que el pastel de cumpleaños de la señora A fue en forma de máquina tragamonedas, entre otros.

Me levanté rápidamente de la mesa sin darle oportunidad a mi compañero de que se sentara y me despedí de las señoras diciendo que pasaba luego cuando atendiera unos asuntos…y claro que pasé, pero de largo. No pensaba sentarme otra vez con esas mujeres desquiciadas de mirada extraña. Así, una vez atendidos los asuntos que me condujeron a ese antro de viejos, salí presurosa de ese lugar con un lindo cheque sin haber jugado, dejando atrás a una señora E y una señora A hasta entonces desconocidas para mí porque fuera del bingo se comportan como “personas normales”.

P.D: Siempre y cuando me sigan dando regalos y no tenga que ir más al bingo me da igual como se comporten U_U