Naruto, el final de una epopeya moderna

Todo tiene un final, incluso Naruto. Después de 15 años y 700 capítulos, la historia del ninja rubio ha concluido. Una epopeya de nuestros tiempos, de lectura fácil, Naruto es una obra literaria, un manga muy comercial, un amasijo de clichés, otro exitoso producto de entretenimiento proveniente del entrañable Japón. Definiciones para todos los gustos.

Esa imagen, la última página del manga, encierra todos los valores de la historia y resume Naruto perfectamente. Había una vez un espíritu de zorro con 9 colas. Un muchacho tenía el zorro sellado dentro de él, y los dos pasaron mucho tiempo juntos. Una nueva calamidad, el Juubi, fue revivida, pero el muchacho se convirtió en shinobi y junto con el zorro y los otros shinobis se convirtieron en uno solo y lograron sellar al Juubi. El muchacho con el zorro sellado dentro de él era el hijo del cuarto hokage. Ahora ese muchacho es el séptimo hokage.

Si hay algún valor que quiero destacar de la historia de Masashi Kishimoto es la perseverancia. En resumen, Naruto es la historia de un sueño, de una búsqueda, la aspiración infantil de conseguir el máximo rango, en este caso, el deseo de Naruto de convertirse en Hokage. Toda la historia gira en torno a ese deseo, finalmente concretado en el capítulo final. Este capítulo final, por cierto, muestra a los descendientes de varios de los shinobis más trascendentales de la historia, incluyendo, por supuesto, a Bolt, el hijo de Naruto (Nada que ver con el perrito de Disney).

Ha sido un largo viaje. Por un tiempo se sentirá la nostalgia por el capítulo semanal de Naruto, hasta que alguna otra extravagancia japonesa lo sustituya. Parece que fue ayer cuando escribí el post sobre Naruto, Kurama y la  Confrontación Definitiva (que lejos estaba de ser “definitiva”, porque en Naruto, como en los RPG japoneses, después del malo final, viene otro malo final, y después el verdadero malo-maloso-final) y la lucha entre Naruto y Pain. Gracias por los buenos ratos.